14 abril, 2026
Lic. María Eugenia Montero

Es una obra que la acompaña desde hace 27 años. Recuerda que su primer hijo tenía dos meses cuando la estrenó en Buenos Aires, de donde es originaria.
Pasó el tiempo, la vida la trajo a Jujuy, y aquí la reestrenó en 2001, “el fin de semana del corralito”, recuerda Patricia Lubel, la actriz que le pone el cuerpo a “El Nombre”, creación de Griselda Gambaro, puesta que totalmente renovada se repondrá este viernes a las 22 en la sala “Raúl Galán” del Teatro Mitre.
Sí, porque es una obra que hace desde que es treintañera, la fue renovando a lo largo de su vida y su carrera en varias oportunidades, a los 40, a los 50, habiendo pasado por un par de directores para este unipersonal. Hoy la anuncia como “Experiencia El Nombre” porque en esta etapa, dirigiéndose a sí misma y con su hija estudiante de teatro (Casandra Balderacchi) como asistente, quiere interpelar al público para que participe.
Con Casandra comenzaron esta nueva etapa de “El Nombre” el año pasado. La respuesta del público fue alentadora y por eso se repone este fin de semana, y volverá a escena en mayo también.
El Tribuno de Jujuy conversó con las artistas sobre la evolución de esta propuesta teatral que lleva casi tres décadas en el camino de Lubel.
La pregunta es muy amplia –lo sé-, pero necesaria: “¿Qué cambió?”. La actriz comienza entonces a sincerarse: “Yo cambié. Esta obra la estrené en 1998, y ya no soy la misma y la obra tampoco. El texto sí es el mismo, pero la obra no. Es una obra que habla del cambio de identidad de una mujer. Hay muchas interpretaciones de qué quiso decir Griselda Gambaro con este texto. Es una obra de la década del ’70, con lo cual tenía mucho que ver con lo que pasaba políticamente, pero no la tomé así siempre”.
En su intento de buscar la explicación de por qué seguir haciéndola, aparece el reflejarse en ella. “Si llegaste a mi edad -tengo 56- y no te pasó nada, has vivido una vida bastante vacía. Yo como actriz también cambié, y mi vida cambió. Ahora lo que quiero hablar con esta obra es de cuántas veces tenemos que modificar tal vez no nuestro nombre, literalmente, pero sí cambiar la manera en que los demás nos ven para poder encajar. Y cuantas cosas cedemos”.
Ella habla de la manera en que nos nombramos a nosotros mismos, como una pata fundamental de esta reflexión a través del teatro. “¿Vos sos solo tu nombre, o sos la persona que se despliega a lo largo del día?”, cuestiona. “Yo puedo decir soy actriz, o puedo decir soy una mujer que sufrió”, y de acuerdo a eso es como nos tratamos y como dejamos que nos traten.
“La primera puesta de ‘El Nombre’ era muy medida, yo permanecía sentada toda la obra, era muy minimalista. Después cuando la hice acá, trabajamos otras cosas en donde sí había más de mí como actriz. Y ahora en esta puesta, en la que yo digo que ya me apropié (porque actúa y dirige), replantemos el concepto lumínico de la obra para ver cómo iluminarla”, explica sobre la evolución.

El público

Esta vez, al título se agrega la palabra “experiencia” porque explica la protagonista que la idea es que el público participe “porque si bien yo comienzo desde afuera del teatro, quiero ir un paso más y quiero invitar al público a que reflexione sobre su propia vida, y sobre cómo ocurrió la transformación. Si en esa transformación te perdiste o te encontraste”.
Y parafraseando al personaje de Agrado en “Todo sobre mi madre” (filme de Almodóvar), dice “una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”, Lubel expresa “y yo me estoy encontrando con esta persona, con lo que he soñado de mí misma”.

La asistente

Casandra vio por primera vez a su mamá actuando, con esta obra, cuando tenía 4 años. Todavía no tenía edad para una propuesta para una mentalidad madura, pero recuerda que estaba con su abuela, y ella le explicaba que su mamá estaba “actuando”. “Yo me convencía de eso, a la vez que la veía llorando, sufriendo”, cuenta la joven que asiste en la dirección a su madre.
Casandra también estudia teatro y su camino va por la actuación, pero esta es sin dudas una gran oportunidad, la de hacer la asistencia de dirección. “Puedo dar mi opinión, acompañar y apoyar desde este rol”, comenta.
“El año pasado se hicieron dos funciones en Teatro El Pasillo, y el público se prestó con una mente muy abierta, que yo después registré en videos”, cuenta.
La joven tiene escrita una versión de un clásico del teatro que está pensando llevar a escena próximamente.

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