30 agosto, 2026

Restrospectiva de Sergio Zago, una invitación a vivir Jujuy desde distintas miradas

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Lic. María Eugenia Montero

La muestra Sergio Zago 1990-2025, está disponible en Casa Silvetti (Canónigo Gorriti 295).
Se trata de una retrospectiva del artista, curador, poeta y arquitecto, de presencia habitual y activa en cada actividad cultural en nuestra provincia.
De lunes a viernes de 14 a 16, él estará en este espacio para acompañar con sus relatos las visitas de los espectadores. La muestra estará disponible hasta el 7 de septiembre.
Ese día, de cierre de la muestra, se realizará con un nuevo encuentro del ciclo “Maestros y Discípulos” que organiza la Secretaría de Jujuy. A las 20 en el mismo espacio de la muestra, habrá una charla a fondo con el artista acerca de su trayectoria y su legado.
En esta muestra nos encontramos con muchos de los cuadros que hizo cada año para participar de las convocatorias del Salón Provincial de Pinturas “Rodrigo Pereira” cuyo temática siempre es la ciudad de San Salvador de Jujuy. Cuenta que participó en todos los que pudo hasta que sacó el primer premio, en alguna edición con “Paisaje Ernesto Claros”.


La curadora de esta muestra es de Viviana Cortéz, quien supo llevar este recorrido por el que se reviven los momentos y los escenarios que él vio y admiró.
Zago es nacido en Italia donde vivió hasta los 5 años, luego vivió en Villa Constitución (Buenos Aires) durante 12 años, y 8 años más en Rosario, hasta que se instaló en Jujuy hace ya 56 años.
Es arquitecto y su amor por el arte es desde siempre, y para darle un fundamento, tira algunos datos: “Yo empecé a pintar a los 40 años, antes dibujaba arquitectura, hacía perspectivas, etc. Me había encontrado en la facultad –durante sus estudios- con los alumnos de (Juan) Grela en Rosario. Y tengo dos tíos que estudiaron en Viena en la escuela de arte que rechazó a Hitler como alumno”, ensaya.

Dice que comenzó a pintar cuando ya vivía en Jujuy, pero a escribir –porque también es poeta, escritor y en este sentido miembro de la SADE Jujuy Sociedad Argentina de Escritores), comenzó en Rosario.
Acá en nuestra provincia se relacionó muy de cerca con Medardo Pantoja, Luis Pellegrini, José Prego, Nicasio Fernández Mar, etc.
De cada cuadro cuenta la historia, la motivación, o la forma en que salió. Te dice dónde te tienes que ubicar para ver el relieve de uno de sus paisajes.


Uno de los cuadros está basado en una foto del libro de Gaite con imágenes de Jujuy. “Esto es Jujuy, este es Santa Bárbara, la catedral, San Francisco, el hospital, la San Martín y la Senador Pérez, de esa época”, dice señalando otro cuadro y agrega “el cerro es siempre el mismo”.
Y sí, quizás sea el protagonista principal en esto, el cerro, que aparece en distintos colores, tiempos y motivos, porque Jujuy es cerro, y él se filtra en cada escena. Eso Zago lo sabe y lo refleja, y en una parte de la charla, casi como reflexionando y con una sonrisa de enamoramiento, expresa “siempre pinté Jujuy, nunca Rosario”.
Hay algunas obras de “ventanas”. A través de ventanas se ven paisajes divididos y él aprovecha para que esa división sea ficticia, o temporal, surrealista en algunos casos.
En otro caso de pintura con ventanas, muestra dos tipos de arquitectura, “la de Ciudad de Nieva en un lado, y en el otro un tanque de acero inoxidable”, cuenta.
Otro cerro de colores especiales, “puede ser un amanecer o un atardecer, por la iluminación”, expresa.
“Fui pintando un poquito de todo, durante un montón de tiempo”, dice, y llegamos a “La última cena”, entonces explica “fui probando cosas, y esta obra la hice para un salón de arte sacro que organizaba en Salón Pregón. Se ve a Jesús con el vino y con el pan, en un lado está Pedro que lo negó, Judas que lo entregó, y Tomás que no creyó en la resurrección, y entonces aparecen también en el cuadro, la muerte de un lado, y la luz de la resurrección del otro”.
Una de sus obras expuestas es “Jujuy de lejos” (cuadro de mucha belleza donde predominan los tonos azules), que muestra “un perfil de Jujuy como si fuera una aparición”, comenta.
“Como yo nací en una ciudad de mar y lo extraño, pensé en poner a Jujuy en el mar”, relata y nos muestra otra obra mágica, que invita a soñar, imaginar.
En uno de los salones también nos encontramos con los únicos dos cuadros abstractos que integran la muestra, “donde cada uno imagina lo que se le ocurra”, dice y se alegra de todas las cosas diferentes que le dijeron los espectadores, de lo que encontraron en esa obra. En uno de ellos cuenta que “quise pintar las sensaciones que tuve cuando fui al Cerro Los Colorados de Purmamarca”.

Sobre cada obra, algo que contar


En el final del recorrido, lo más actual, tiene que ver con lo conceptual. “Son los cerros de Jujuy como me los imagino yo que son porque nunca estuve ahí, el Rio Grande, el gran cambio que sentí en Jujuy que es la nubosidad, todo con una sensación de realismo”, comenta. Este cuadro le llevó mucho tiempo, “porque lo tuve que dejar y retomar varias veces, porque lo terminas arruinando si no lo esperás. Los cuadros se descubren, no se pintan”.
Una obra muy particular es “Necesario para vivir en Jujuy y en Marte”, un panel de fibrofácil con imágenes adheridas, diez de Jujuy y nueve de Marte, que son dibujos hechos con birome negra.

“Recordando a Léonie Matthis”, es una obra inspirada en la idea de la célebre pintora francesa –sobre la que Zago escribió un artículo- “ella era casada con un argentino, vino doce años a Jujuy, y ella tenía el concepto der pintar un lugar, y con ese lugar ya pintado imaginaba un momento histórico que se haya vivido ahí, por ejemplo, hay un 25 de Mayo pintado por ella”, cuenta el artista, “entonces este cuadro lo hice pensando en el paisaje de Jujuy el día después del Éxodo Jujeño”, y mirando en detalle se ve un pequeño humo que aparece detrás de los cerros.
La muestra está disponible en horario corrido de lunes a viernes.

Las palabras de su hija

Su hija Clara Zago Sinópoli se expresó con un texto acerca de esta muestra y retrospección de su padre: “… esa misma niña –su hija- se encontró sentada en el regazo de su padre, viéndolo pintar un cuadro.
Percibía el perfume de los óleos y la trementina, observaba las espátulas, la técnica y el trabajo paciente y dedicado de intentar expresarse a través del arte. Frente a sus ojos comenzaba a aparecer un amanecer majestuoso visto desde el puente Pérez, esa imponencia que solo en Jujuy se vive cuando la luz mágica te dice que no es mucho más que ese instante y que mañana ya no será igual. Él supo detener esos momentos durante más de tres décadas en pinturas donde Jujuy se envuelve de cosmos, polvo, partículas y átomos; un segundo y un trazo…”.

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